Nunca he sido verdaderamente ‘de campo’. De pequeña, mis abuelos tenían una casa a las afueras de París. Los fines de semana, a veces, mis padres me llevaban à la maison de campagne, y no me solía gustar. Muchos asocian la sierra y los campos al descanso y a la paz. A mi me da miedo el aburrimiento que pueden despertar en mi la extrema tranquilidad de los paisajes verdes y el universo rural.
Por eso, mi llegada el pasado viernes al hotel Barceló La Bobadilla me tenía un poco inquieta. Situado en un terreno de 305 hectáreas de la sierra de Loja (Granada), el establecimiento, de unas 70 exclusivas habitaciones, me esperaba, y me prometía unos días de relax, excelente comida y gran lujo rural. Al llegar, bajo un sol resplandeciente, mientras me dejaba seducir por la maravillosa arquitectura árabe y andaluza del espectacular cortijo-complejo, notaba como mi inquietud desaparecía, dejando lugar a unas ganas locas de disfrutar del entorno y de la naturaleza. Tras descubrir mi suite (con su terraza privada, su baño tradicional, y sus paredes y suelos de piedra), pude pegarme un chapuzón en una piscina tropical impresionante, y disfrutar de unos platos exquisitos en el restaurante El Cortijo, con vistas a la sierra.
Lejos de aburrirme, pasé el resto de mi estancia mimándome en el Spa del hotel, paseando a caballo y en bicicleta por la finca, leyendo, durmiendo, y desayunando al sol, cenando en La Finca (único restaurante de cinco tenedores de Granada), conociendo de cerca el compromiso eco-sostenible del lugar, y todo ello con el cantar de los pajaritos y de los grillos como única banda sonora.                                                                               En un mundo en el que las prisas, el ruido, el estrés y la rápidez forman parte del día a día, el concepto de lujo adquiere nuevos significados y llega a sustituir los viajes lejanos y materiales por otros introspectivos, dejando a un lado los compromisos de la vida diaria. Necesitamos descansar más. Lugares como el hotel La Bobadilla corresponden a ese tipo de demanda. Ya no sabemos realmente descansar, y la desconexión total se ha convertido en un logro dificil de conseguir. A mi me cuesta muchísimo. Pero os aseguro que aquí, creo que pude lograrlo.

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Emperador en tiras con verduras salteadas en el restaurante El Cortijo

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Plato de lubina al horno en el restaurante La Finca

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